Pero el Madrid había perdido demasiada sangre ya y de la mano de Jose Mourinho dió ayer un puñetazo encima de la mesa para que la diosa primaveral pueda ver jugar fuera de España al mejor equipo del Siglo XX. Fue el levantamiento del 16 de marzo de 2011 y al igual que en aquel 2 de mayo histórico, el enemigo hablaba francés.
No fue una tarea sencilla aunque el resultado parezca indicar lo contrario. De entrada, la peligrosa política de precios del club merengue hizo que se quedaran más de 2.000 entradas sin vender y se vieran algunos pequeños claros en la grada. La campaña de marketing y del propio Jose Mourinho para que el público también jugara el partido se vió por tanto algo emborronada. No es escuchó la voz de las gargantas más jovenes que, escasos de fondos, tuvieron que seguir el choque desde sus televisores ó bares habituales. Esperemos que el Madrid sea sensible a la situación económica actual, de hecho si quiere que el público juegue con ellos no le va a quedar más remedio que serlo.
Después del pitido inicial, precedido de un minuto de silencio por las víctimas en Japón, el Madrid hizo un amago de salida en tromba. Fue sólo eso, un amago, porque después de un remate al palo corto de Marcelo y de un cabezazo al palo de Khedira con falta a Lloris incluida, el partido se trabó por completo y el Madrid no encontró la fluidez necesaria para comenzar a batir lineas de su rival.
La primera media hora fue preocupante para los merengues. El equipo no lograba trenzar jugadas, sus lineas estaban muy separadas y una sensación de que el partido podía ser una moneda al aire se apoderó de los espectadores. Significativo fue que el Madrid colgó todas las faltas al área independientemente de si eran pegadas al córner ó estaban a 40 metros de la portería. Y es que Gourcuff, Toulalan y Källström convirtieron el choque en una guerra de guerrillas y emboscaban rápidamente a los jugadores blancos en el medio campo que mal ubicados, eran forzados continuamente a la jugada individual.
La cara de Mourinho dejaba traslucir una preocupación seria, que mutó en monumental cabreo cuando tras jugada de Cissokho el Chelo Delgado se sacó un disparo raso desde la media luna que a duras penas despejó Casillas.
Es cierto, el Lyon no estaba generando demasiado peligro en ataque, pero concentrarse sólo en mantener el 0-0 era coquetear con el suicidio así que la preocupación se dejaba sentir.
Cuando la parroquia veía ya con buenos ojos la llegada del descanso para reorganizar el equipo, los amigos Marcelo y CR7 se marcaron una jugada de patio de colegio entre toda la defensa gala. El brasileño buscó al portugués que le devolvió la pelota en la frontal del área. Marcelo dejó atrás a Cris sólo con su primer control, ingresó en el área y cuando parecía que iba a fusilar con su derecha se sacó de la chistera un recorte que puso a Lovren a fregar el césped del Bernabéu. Ya con su pierna buena remató duro y aunque Lloris tocó la pelota se terminó alojando en las mallas. Soberbio gol de Marcelo que antes del descanso volvió a entrar como cuchillo en mantequilla por la banda izquierda para servir un centro a Benzema, pero esta vez el remate del francés lo envió a córner Lloris en un despeje "de altos vuelos".
El gol tranquilizó al Madrid que después del descanso salió con una cara mucho más fresca y lustrosa. Ya les adelanto que los cambios de Puel, que anestesiaron hasta la muerte el año pasado al Madrid de Pellegrini, esta vez no surtieron efecto. Gomis pasó totalmente desapercibido.
Xabi Alonso empezó a coger el timón en el medio campo y el equipo empezó a carburar. Aunque el segundo gol merengue llegó más bien por demérito de los franceses. Cris se durmió después de un pase largo de Marcelo a Özil y un atento Benzema aprovechó el regalo para batir al portero por debajo de las piernas. El madridismo gritó con rabia, ahora sí se veían por fin en cuartos.
El Lyon se deshizo como un azucarillo después de este gol y quedó a merced de un Madrid que con espacios disfrutaba corriendo al contragolpe. Benzema pudo anotar algún gol más y el partido estaba tan controlado que Mourinho sustituyó a Cristiano para dar entrada a Adebayor. El luso, que jugó tocado, puso voluntad y entrega pero su aportación en la siguiente ronda tiene que ser mucho más decisiva.
Después de alguna intentona sin fé del Lyon, el Madrid redondeó el marcador. Fue en el minuto 76. Özil colocó de cabeza un balón que dejaba a Di María mano a mano con el arquero rival. La definición suave del argentino picando la pelota al palo largo abrió la caja de los olés en el Bernabéu. De aquí al final no ocurrió nada noticiable en cuando a ocasiones se refiere, tan sólo entraron al campo Lass y Granero, más para que Benzema y Di María recibieran sendas ovaciones, que para otra cosa.
Alegría y euforia en el madridismo que rápidamente rebajó Jose Mourinho en sala de prensa. Recordó a los madridistas que lo normal para un club como el blanco es estar siempre en cuartos. Cuando tiene razón Mou hay que dársela, y es que para entrar en la historia al Madrid le quedan todavía 5 partidos y al menos 3 de ellos de aupa. Por cierto, el sábado llega el derby para recortar los 5 (en este caso, puntos) al líder de la liga. Pero después de seis años, bien merece el madridismo al menos un día para paladear esta victoria antes de pensar en otras guerras.