Sospecho que solo un pequeño porcentaje de aquellos que sitúan por inercia a Neymar en la élite del fútbol mundial padeció el suficiente insomnio como para dedicarle 180 minutos a la final de la Copa Libertadores que disputaron Santos y Peñarol hace cosa de un par de meses. Ida soporífera y vuelta desprovista de una actuación memorable por parte de ninguno de los dos contrincantes, pero con los chispazos de Neymar. Un jugador que tiene precisamente eso, unas cualidades que sentencian un partido. Con Ganso convaleciente, el Santos se encomendó a la imaginación de su estrella, y esta brilló sobre las demás.

La dupla más interesante que ha dejado el fútbol brasileño la última temporada logra la excelencia partiendo de la compatibilidad de sus casi opuestas cualidades. Ganso, en esa posición que se reedita año a año en Brasil, ha logrado la cohesión de un equipo hecho para ganar. Neymar le ha puesto mucha samba y otros tantos goles. Y este último es un dato significativo, teniendo en cuenta que el de Sao Paulo ha vendido más en los últimos meses con la samba callejera que bailándole al rival en la cancha.











NEYMAR, EL JUGADOR DE LA PRENSA
@nerea_zusberro
OPINIÓN
Nerea Zusberro, colaboradora de Fiebre De Fútbol
Máximo goleador del Santos en la Copa Libertadores con 6 tantos. Precoz debut con el seleccionado de su país. Tiene carácter en el terreno de juego y no se amilana con nada ni ante nadie. Coinciden los estudiosos del deporte rey en que se trata de la aparición más fulgurante del fútbol en los últimos años. Y una servidora. Pero les cuesta más corroborar el bulo que engorda la nube de humo mediática que lo sitúa entre los grandes del momento y que lo compara con el mejor. Y a una servidora.

A Neymar se le ha "descorchado" muy rápido, y bien es sabido que el buen vino es viejo. Anunciante, actor de telenovela, bailarín, cantante… Y padre-modelo. Más separado que junto. Un ejemplo de responsabilidad pese a su juventud, o el mal camino personificado y a evitar. Conclusiones extraídas de unos mismos datos y manejadas según la conveniencia del 4º poder, viejo truco mediante, al ligar una figura prometedora a un gran club del panorama futbolístico. O a varios en este caso… Y eso sube como la espuma, amigo.

Su fútbol es de un presente rabioso. Explota el descaro de un chaval de 19 años con unas excelentes cualidades que pulir, dentro de un margen de mejora que, como los elegidos, se puede permitir el gusto de definir. Divierte al balón con sus filigranas; es tan habilidoso que juega para sí. La madurez futbolística marca la fina línea que separa a los grandes jugadores de aquellos que "solo" hacen grandes jugadas; su máximo objetivo debe ser quebrantar la norma. Y si bien nadie le niega integrar por méritos propios este segundo grupo, el primero es el final de un largo camino en el que se acaba de aventurar. Y es ahí donde la prensa le lanza un órdago al situarlo a la par de figuras consagradas. "Neymar, un Messi mejorado"; "Neymar es más que Cristiano". La ignorancia es atrevida… Y, para este caso, añadiría que también precoz.

Más allá de que la prensa trate de convertir el agua nueva y fresca en un vino de alta gama, son los méritos los que marcan el devenir de un jugador. Si el éxito no acompaña, la fama se diluye con la fugacidad con la que un nombre deja de ocupar portadas. De Neymar se espera un Moet Chandon. Esperemos que no se quede en gaseosa.