Si quieren saber como logró aquel hombre aplacar a ese diablo de mujer les ruego lean la historia completa. Lo cierto es que su suegro intentó imitar la técnica del mancebo, pero su mujer le espetó que era demasiado tarde. A Don Juan le gustó esta historia y escribió estos versos: Si al comienzo no muestras quien eres, nunca podrás después, cuando quisieres.
Y al Madrid le pasó ayer algo parecido. Metió la sexta marcha cuando ya era demasiado tarde y volvió a cometer el mismo pecado de siempre: No marcar en la primera media hora y luego tener que sufrir y jugárselo todo en una absurda y peligrosa (pero no por ello menos bella) ruleta rusa.
El Deportivo salió al partido bien pertrechado en defensa, con las dos lineas de 4 muy juntas y varios metros por delante de su área para ahogar el juego combinativo blanco. Los madridistas, con casi el 70% de posesión, tuvieron que emplearse en lo que menos les gusta, masticar y masticar las jugadas, algo que parece no sentarles bien ni por estilo ni por sus características físicas, mucho más adecuadas para el juego explosivo y de contraataque.
Así Sergio Ramos, Kaká y CR7 disponían de las primeras ocasiones para los merengues. Con dificultades para filtrar pases que dejaran a Benzema mano a mano, los tiros de fuera del área fueron constantes. El partido llegó a convertirse en un monólogo, pero los minutos pasaban y los madridistas no conseguían adelantarse en el marcador. Vista su reacción en el último tramo de partido, pudieron y debieron apretar más en esta fase ya que un gol habría provocado el desmoronamiento del equipo gallego.
El gol no llegó y si lo hizo el descanso. Sin cambio de piezas en la segunda parte, CR7 intentó echarse el equipo a la espalda. Así y nada más salir del vestuario soltó un latigazo desde 30 metros que a duras penas desvió Aranzubia a córner. A nivel táctico los blancos intentaron adelantar más todavía la linea, confiados en la pareja Pepe-Carvalho que estaban abortando eficazmente las tímidas contras deportivistas.
Lo cierto es que Marcelo estuvo flojo por su banda y Sergio Ramos no tiene el mismo regate ni desborde que el carioca. Kaká que en principio partía desde la derecha se metía demasiado por el centro y el ataque sufría un claro efecto embudo.
Consciente de que el empate no valía para nada, Mourinho dió entrada escalonadamente a Di María, Adebayor y Granero pero dejando en el campo a toda la dinamita. Se sucedieron córners, disparos de falta, remates desde la media luna... El acoso era constante. De hecho en un centro de Özil, Adebayor remató en semifallo pero entre el palo y Aranzubia abortaron la ocasión. El Madrid era pura furia pero el aficionado miraba el reloj y no podía evitar pensar que la reacción había llegado demasiado tarde.
CR7 se inventó una jugada personal por banda de pura fuerza que merecía gol, pero el palo escupió su remate cruzado. Y el remate posterior de Di María fue desviado por una soberbia manopla de Aranzubia. No había manera de que el balón entrara en esos 7,32 x 2,44 y hasta Benzema se hizo un lío en área pequeña tras centro de CR7. Ya sólo tuvo tiempo el Madrid de reclamar un penalty inexistente por mano de Morel.
Empate que como todos en esta liga tan disputada sabe a derrota, aunque los blancos merecieran los 3 puntos. Sin embargo, bien harían los merengues en recordar aquella frase del Conde Lucanor y volver a marcar en la primera parte para que los partidos no se les vuelvan tan duros como un empaste del Increíble Hulk.