Con todo, el problema del Barça era su fragilidad con el balón en los pies. Busquets perdió un balón que estuvo a punto de causar un segundo gol, las distancias mal medidas en los pases obligaron a Pinto a despejar siempre a larga distancia y probablemente tocar con la mano fuera del área un balón que disputaba con Soldado. En estos casos, como el año pasado en el balón que Albiol sacó tres milímetros dentro o fuera de su portería, lo que el árbitro pite me parecerá bien. No puedo pedirle que sea un ojo de halcón. Sí puedo pedirle que tenga un mínimo criterio a la hora de pitar faltas y amonestar. Un nuevo ejemplo de árbitro superado que en cada lance puede señalar cualquier cosa a favor de cualquier equipo. Un peligro público, vaya.
Después del gol del Valencia, el Barcelona no mejoró. El equipo lleva demasiados años construido a partir de Xavi, Iniesta y Messi y parece que los demás no quieran molestar. Cesc lo intentó pero no tuvo éxito en casi ninguna de sus acciones. Alexis, simplemente, juega a otro fútbol: le cuesta combinar, le cuesta no encarar y en este momento le cuesta desbordar. De un error suyo ante el portero en una de las pocas jugadas del Barça que recordaron los viejos tiempos y que Alves despejó a córner llegó el 1-1, un desastre absoluto de la defensa che, que permitió al único rematador del Barcelona en estas jugadas, Puyol, llegar solo en el segundo palo ante un portero a media salida. Le bastó con picar el balón para empatar el partido. Un despropósito.
Daba la sensación de que el Barcelona escapaba vivo a la primera parte. Vivo y con un buen resultado. Son las semifinales de Copa, estás jugando ante un equipo Champions con los Cuenca, Tello, Dos Santos y compañía, tampoco vas a esperar una goleada. En la segunda parte hubo una mejora, quizá no en la precisión –no sé cuántos balones perdió el Barça en el partido, incontables- sino en la actitud, un poco más adelante. El Valencia pareció cansado y reculó unos minutos. Los suficientes para que Thiago forzara un penalti que falló Messi y que Alves tirara al poste un balón que olía a gol.
El partido del argentino fue francamente mejorable. Si no hay ningún problema en decir que es el mejor del mundo cuando juega como el mejor del mundo tampoco debería haber problema en decir que no jugó bien cuando ese día no juega bien, como fue el caso este miércoles. Messi estuvo desenchufado, recibiendo demasiados balones de espaldas, torpe en la conducción y empeñado en el "uno contra el mundo" que tanto se le achaca a Cristiano Ronaldo. Messi se engrandece cuando ve a sus compañeros, cuando les hace jugar. Entre el respeto reverencial que le tienen todos y su ofuscación, el Barça perdió numerosas situaciones de cuatro contra tres o tres contra dos, solo por el empeño de Messi en conducir, regatear y acabar la jugada.
Cuando sale, es maravilloso, pero eso no puede ser una solución, solo un recurso. Al lado tienes a Cesc, tienes a Alexis, tienes incluso a un Cuenca que jugó un buen partido. Tienes que confiar en ellos. Seguro que Guardiola se lo hará saber: la ansiedad es mala consejera.
Tras esos minutos de agobio barcelonista el partido volvió a la primera mitad: pocas oportunidades, mucho embudo, dos equipos partidos sin apenas posibilidad de combinación y mucha presión para recuperar arriba como única baza ofensiva. No es lo que se espera del equipo de Guardiola pero es probable que mentalmente no dé para más. Sus cambios fueron Dos Santos, Tello y Alves. Insisto, los Tello, Cuenca, Dos Santos, Sergi Roberto… son excelentes recursos para una temporada tan larga, pero cuando te tienes que jugar el pase a una final con ellos, suplentes del B en ocasiones, es que tu plantilla tiene un problema.
Pero si no se quiere ver no pasa nada, es una paranoia mía y ya está.
Los últimos quince minutos volvieron a ser del Valencia: corners, faltas bombeadas… no hubo demasiado peligro salvo alguna jugada de Soldado o Banega, excelente todo el partido, pero tampoco sufrió ante un ataque barcelonista que, curiosamente, se lució en el juego a balón parado. Hasta dos veces entró Messi solo en el segundo palo para continuar la jugada o rematar a puerta, igual que Puyol había hecho en la primera parte. En la primera oportunidad, Piqué no aprovechó la asistencia y en el segundo, el argentino mandó el balón fuera. Una tónica durante todo el partido.
Incluso jugando mal, el Barça crea oportunidades. Las creó en Villarreal y hoy en Valencia. Cuando estas rachas de desacierto llegan es inevitable acordarse de la falta de rematadores con instinto en la plantilla. No los hay y cuando los hay se venden –Jonathan Soriano-. A la espera de que Pedro y Villa vuelvan de sus lesiones –y habrá que esperar mucho- me temo que esto es un Messi, Messi y Messi más el acierto puntual de Alexis o Cesc, dos jugadores con una cierta capacidad para golear pero que nunca han tenido ese rol en sus equipos.
En definitiva, el 1-1 es un resultado que deja todo abierto para la vuelta. Viendo a Pinto y el estado de nervios al que somete a su defensa, no es imposible pensar que el Valencia marque uno o dos goles en el Camp Nou, obligando al Barcelona a marcar tres. Ni idea. La previsibilidad demoledora del Barça de otros años ha desaparecido. Esto no es una caída "a la Rijkaard" ni mucho menos, es simplemente un escalón competitivo menos, y un escalón por debajo de la excelencia se nota mucho. Solo es eso.