Obligado, por tanto, a tapar los laterales, el Mallorca se encontró ante un escenario táctico que no esperaba y no supo solucionar. No hizo falta Xavi ni Cesc ni Iniesta para dominar el medio campo. Busquets y Thiago se bastaron para hacer llegar el balón a las bandas y todo el peligro vino desde ahí: en un centro a Adriano, Nsúe saltó desequilibrado y con los brazos abiertos, un pecado cuando estás defendiendo en tu área. La pelota golpeó su mano extendida y el árbitro pitó penalti.
Messi, como hiciera una semana antes, no dudó en plantarse frente al portero y fusilarle por la escuadra. Fuerte y a un lado, imparable.
El gol soltó al equipo y al argentino y sobre todo amilanó a un Mallorca que estaba creando peligro en las contras. Un nuevo centro de Cuenca que Adriano no pudo rematar acabó en el pie derecho de Messi, que solo tuvo que empujarla para marcar su duodécimo gol en liga esta temporada. No quedó ahí la cosa: Villa tuvo un par de ocasiones muy claras que volvió a fallar, mitad por indecisión, mitad por elegir mal el recurso técnico. El asturiano ni está ni se le espera y volvió a irse al banquillo antes de la hora.
El tercer gol llegó rozando la media hora de partido. Alves dobló a Cuenca por la derecha -lo que le faltaba al Mallorca- y su centro medido lo remató Messi a bocajarro llegando desde atrás, su posición favorita. Con los tres goles, al argentino se le pasó cualquier amago de ansiedad, aunque tampoco convendría buscar una explicación psicológica a cada situación del juego. En anteriores partidos, falló pases y desmarques… este sábado todo le salió bien. El jugador era el mismo.
Con el trabajo ya hecho, el Barcelona se dedicó a sestear. Teniendo en cuenta la carga de partidos es perfectamente comprensible. Cuenca aprovechó un pase de Thiago en profundidad –otro excelente partido del hispanobrasileño sin necesidad de grandes jugadas- para sortear al portero y batirlo con la pierna izquierda. El canterano ya dio muestras sobradas de calidad en la pretemporada y, si bien en los momentos clave de la temporada, probablemente se note su bisoñez, en este tipo de partidos es decisivo contar con alguien en esa posición.
La cantidad de dinero que le ahorra Guardiola al Barcelona con este tipo de decisiones es impresionante, aunque siempre se critiquen los fichajes fallidos.
Cuenca no fue el único jugador que debutó en casa con la primera plantilla. A media hora del final, Gerard Deulofeu, junto a Rafinha la gran estrella de la cantera, saltó al campo para disfrutar de unos cuantos minutos. Se mostró incisivo y con personalidad, sin miedo a afrontar el uno para uno aunque con una desventaja física evidente ante sus rivales. El chico nació en 1994. Si Cuenca aún está falto de rodaje, imaginen a este adolescente…
Poco más ofreció el partido: el Mallorca no quiso entrar en pelea y el Barcelona se limitó a aguantar la posesión. Tampoco se puede pedir mucho más a un equipo que formaba con dos jugadores que por edad deberían estar en el filial y otro que debería estar en el juvenil. La guinda la puso Alves con un disparo "a la brasileña", la clásica "folha seca" que golpeó el larguero por dentro y se coló en la portería de Aouate.
Por un momento, la normalidad volvió a Barcelona. Después de cinco partidos en casa, el equipo sigue sin recibir un solo gol. De momento, esa es la mejor noticia, punto arriba o punto abajo. La debilidad defensiva de principios de temporada que tanto asustaba ya no se ve por ningún lado: el rival apenas llega y desde el 2-2 en Valencia, el Barça no ha vuelto a recibir un gol en partido oficial. Así se ganan las ligas. Messi, tarde o temprano, marcará las diferencias.