En una tarde soleada, de esas que se juega entre cafés y puros por los compromisos televisivos y de Champions, el estadio rojiblanco registraba un lleno casi absoluto. 40.000 espectadores, terreno de juego en buenas condiciones y un trencilla con más peligro que Julian Muñoz jugando al Monopoly: Clos Gómez. Las cuotas de los mercados de apuestas y el sentir general preveían un Madrid menos favorito que en otras ocasiones. Se respiraba en la catedral aroma de sangre madrileña.
Para intentar desactivar el juego aéreo local, Mourinho salió con un 4-3-3 con Albiol y Garay como pareja de centrales y Pepe por detrás muy atento a los movimientos de Fernando Llorente. La jugada la verdad, que le salió redonda al luso. El Athletic salió con un 4-4-2 con Orbaiz y Javi Martínez siendo las bisagras del juego y Muniaín y Gupergi tirados a banda.
A los pocos minutos ya pudimos observar que el partido no iba a pasar a la historia. Los blancos renunciaban a combinar y amasar la pelota y preferían buscar segundas jugadas donde Granero recogiera el balón y rápidamente se lo sirviera a los puntas. El Athletic por su parte, no fue capaz de serenarse para dominar el partido, más bien al contrario, vimos a un equipo hiperexcitado que tampoco era capaz de trenzar nada digno en la medular. No estaban preparados para recibir a un Madrid tan descaradamente a la contra y se notó.
Además de la comodidad en el campo de los merengues, el partido se les puso rápidamente de cara tras una jugada individual por banda de Di María que fue derribado con gran claridad por Gorka Iraizoz. El argentino, siempre chispeante, esta vez estuvo más afinado en el toque y conducción. El penalty lo transformó Ricardo Kaká de disparo raso ajustado.
Con el 0-1 el Madrid fue más práctico si cabe. Robaba y salía rápido ó bien buscaba al explosivo Di María para que le metiera velocidad al balón en los últimos metros. Así el Madrid dispuso de un mano a mano de Higuaín, otro de Kaká y una vaselina desde fuera del área del propio "Fideo" pero el segundo gol no llegó. El Athletic por su parte se vio indispuesto por el esquema defensivo de Mou y sólo se animo en los instantes finales del primer tiempo: Un remate desde fuera del área, otro desde la media luna tras varios rechaces y un cabezazo de Llorente a saque de falta centrada. Demasiado poco, el Madrid estaba domesticando a la fiera por el momento.
En la segunda parte Caparrós dió entrada a David López por Gurpegi. De poco le valió ya que a los pocos minutos Di María volvió a ser objeto de otro penalty en el área bilbaína. Este fue mas leve, pero pitable. Kaká repitió desde los 11 metros para hacer su cuarto gol esta temporada y volvió a esbozar una sonrisa carente de dolor ó pesadumbre alguna. ¿Tendrá algo que decir el carioca en este sprint teñido de blaugrana? Pronto lo veremos, lo cierto es que ayer cuajó su mejor partido.
Con 0-2 nadie apostaba ya por una reacción local. A falta de fútbol, el Athletic intentó colgar balones para Llorente y buscar segundas jugadas. Las veces que intentaban trenzar por el medio lo hacían con gran dificultad, aun así Toquero tuvo una buena ocasión fruto de este esfuerzo combinativo.
Cristiano y Xabi Alonso entraron para disputar algunos minutos siendo sustituidos por Di María y un pipa Higuaín al que se le nota la inactividad. El Pipa sin embargo, es todo pundonor y seguramente en 2 semanas podamos ver ya algo cercano a su mejor versión. Mientras pensábamos en esto el Madrid seguía a lo suyo: Robo-Granero-Punta y así el pirata le puso un pase largo a Cristiano cerca del pico del área. El luso recibió, encaró a San José, se pasó el balón por detrás y colocó el balón al palo largo. Gran gol del portugués, siempre motivado en campos hostiles.
Con el 0-3 murió el partido a nivel competitivo. Sólo fruto de la falta de tensión final Kaká pudo hacer algún gol más y Llorente maquillar el resultado. Pero la cosa no daba para más, el Madrid jugó un fútbol muy práctico y el 4-3-3 le funcionó a la perfección. No fue el león tan fiero como lo pintaban...