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En el deporte hay que tener dos cosas claras: el campeón siempre es el favorito… y nadie gana todo el rato. Obviamente, ambas sentencias son contradictorias, y en esa contradicción tendrá que vivir el Barcelona todo el año. Más allá de sus éxitos deportivos, el Barcelona ha conseguido crear una narrativa que intenta explicar todo de una manera racional y casi científica. Resulta irritante para los no barcelonistas e incluso para muchos de los barcelonistas: una cierta superioridad moral, estética, como si el Barcelona no ganara por juego sino por destino. El poder del bien absoluto...

Volvamos a los orígenes: las narrativas no ganan títulos; las decisiones concretas, sí. El Barcelona se ha armado con un concepto detrás, de acuerdo, al que ha sido fiel con menos dogmatismo del que se dice. Ese ha sido su gran acierto: la capacidad de cambiar. Un equipo enquistado es un equipo previsible y el Barcelona es de todo menos eso: te puede ganar de mil maneras distintas, incluso puede empatarte en el Bernabéu sin apenas pretemporada y tirando dos veces a puerta.










Lo que no tengo tan claro es si será igual de competitivo.

Al final, el fútbol no es estética, es competición. Parece un sacrilegio que un culé diga esto, pero obviarlo es absurdo. Nunca fuimos ángeles. Guardiola lo tiene bien claro desde su paso por Italia, probablemente antes: si no compites, adiós, ya puedes tocar la bola cuarenta veces seguidas. Al final, el pan y la mantequilla, los que te dan los títulos son los Keita, Mascherano y Busquets.

Parece claro que la intención de Pep es convertir el campo entero en una enorme medular. Reducir espacios mediante la presión constante y el manejo del balón. Traslado continuo de los jugadores y sus marcadores. Cruyff dijo: "Que corra el balón y no el jugador", Guardiola lo llevó a un nivel superior: "Que corra el balón… hacia donde el jugador se ha desplazado antes". La apuesta es arriesgada: si se fijan, este Barcelona es un equipo sin centrales ni delanteros centros. Llamar a esto "continuidad" es el mayor disparate del mundo: en rigor, nadie ha revolucionado el fútbol hasta este punto desde Arrigo Sacchi.

Durante el verano, el Barça se deshizo de Bojan y a cambio trajo un extremo. Fichó a un centrocampista para ponerlo de falso nueve y no consideró necesario sustituir a Milito en la zaga, de manera que la plantilla cuenta con solo tres centrales: Puyol, de 33 años y aún lesionado después de varios meses, Piqué, clave en el entramado defensivo y ofensivo, y Fontàs, que no cuenta para el entrenador hasta el punto de que, en el primer partido de liga, y con cinco defensas fuera de la convocatoria, el canterano no jugó ni un minuto.

Si el fútbol total del Milan se construía de Baresi en vertical hasta Van Basten, el del Barcelona se define en rondos. ¿Servirá eso ante los grandes equipos? Ahí está la duda. La única duda. Tengamos claro que el Barça va a conseguir al menos 90 puntos en liga y será solvente en todas las eliminatorias de Copa y Champions League. Eso no lo duden. Lo que yo no puedo saber es si eso les bastará para ganar trofeos y, no nos engañemos, una revolución sin trofeos se queda en una pequeña guerra de guerrillas.
Sí, Holanda es la excepción, pero mientras Cruyff perdía finales contra la contundencia alemana, el Ajax ganaba una Copa de Europa tras otra.
En definitiva, el único problema que le puedo ver al Barcelona es su apuesta por una zaga en apariencia tan frágil: dos centrales para 65 partidos, estaremos de acuerdo en que parecen pocos. Lo que pasa es que luego Guardiola se inventa un 3-4-3 con Busquets y Mascherano de defensas y Keita en el pivote, cuando no ha jugado ahí en su vida, y gana Supercopa de España, Supercopa de Europa y le mete cinco al Villarreal.

FCBARCELONA

POR QUÉ EL BARCELONA ES FAVORITO
@guilleortiz_77
OPINIÓN
Guillermo Ortíz, jefe de la sección Fc Barcelona
Negar el mérito de Guardiola en todo esto es una bobada y el único miedo que uno puede tener como aficionado barcelonista es esa tendencia al mesianismo que se ve en algunos analistas pero afortunadamente aún no en el entrenador. Cuando uno sale en rueda de prensa y dice que sus jugadores favoritos son Keita y Mascherano está mandando un mensaje: de curita apacible, nada. De la nueva temporada cabe esperar un juego aún más espectacular, con picos tremendos. Estoy convencido de que este año será el que nos ofrezca mejores partidos del Barcelona. El momento en el que se instalen en los tres cuartos del equipo rival, con Cesc, Xavi, Iniesta, Messi y Busquets haciendo el rondo y Villa, Pedro o Alexis tirando diagonales –algo de eso se vio ya contra el Villarreal- las posibilidades serán infinitas.
Para triunfar en 2012, el Barça tendrá que olvidarse del mito y sufrir la realidad de los campos embarrados, las ruedas de prensa y las portadas deleznables. El fútbol español es una guerra y lo era mucho antes de Mourinho, de hecho Mourinho solo ha institucionalizado todas las fobias que llevaban años apareciendo en los periódicos. De su capacidad para abstraerse de esa especie de lucha moral y jugar al fútbol dependerá su éxito o fracaso en la temporada.

En ningún caso se podrá hablar de un "fin de ciclo": el Barcelona tiene equipo para años, solo que a veces ganará y a veces perderá, sin que eso tenga que ser un drama. Hay una estructura, unos jugadores y sobre todo un entrenador que garantiza un mínimo de competitividad y que además se resiste a demonizar o menospreciar al enemigo. Leyendo determinada prensa uno pensaría que el Barcelona gana por necesidad matemática y leyendo otra prensa pensaría que su único mérito es ganarse al árbitro.
Por supuesto, ambas cosas son absurdas: lo que diferencia a un buen equipo del mejor equipo de la década es su entrenador. Guardiola ha convertido a su equipo en un acordeón táctico de gran altura. Está muy bien centrarse en lo bien que juegan Messi, Iniesta o Xavi… pero eso quedaría en nada sin un equipo detrás que monopoliza la posesión, no solo pasándose el balón, sino recuperándolo inmediatamente. Juegue quien juegue, da la sensación de que el Barcelona estará bien plantado y hará lo correcto. Puede no ser el máximo goleador –los dos últimos años lo ha sido el Real Madrid- pero lo más probable es que, incluso jugando con tres defensas de los que dos son mediocampistas, acabe como menos goleado.
El empeño en ver a Guardiola como un iluminado lleno de retórica estética obvia el hecho de lo que en realidad es: un obseso del trabajo, empeñado en perder todo el pelo que haga falta con tal de que su equipo acelere cuatro décimas la presión. Si el Barcelona no se pierde en el "buenismo" de su prensa afín ni se enreda en el grito en el cielo de la prensa hostil, es el máximo favorito para defender título.

No debería olvidarse, sin embargo, de que cualquier confianza, cualquier sentimiento de superioridad, cualquier carcajada ante el reto rival –y cuando digo "rival" tanto en España como en Europa digo "Real Madrid" porque no tiene sentido buscar más allá- puede provocar un año de crisis. Estas cosas son así: en septiembre eres el más grande y no ha nacido nadie como tú, en junio tu presidente está fichando a Capello.

Guardiola lo sabe. Hablará de campanarios y de pequeños países pero sabe que lo que cuenta es el esfuerzo, el trabajo y la mejoría táctica. Hay algo en él que le acerca más a Beckenbauer que a Cruyff en ese sentido. Guardiola ni siquiera es un italiano, es un alemán: un perfeccionista obsesivo. Probablemente, el mejor entrenador que yo haya visto nunca. Los grandes equipos los construyen las grandes fórmulas, de acuerdo, pero al palmarés los llevan las grandes figuras. Mientras en el Barcelona coincidan tantas durante tantos años solo es cuestión de sentarse a esperar.

Algún año, por supuesto, perderán, pero el siguiente, ahí estarán, tirando diagonales.